02 feb 2026 Publicado en: Información Tips
¿Cuánta autonomía perderá tu EV cuando hace frío? Guía práctica para conductores

La autonomía es uno de los factores clave a la hora de elegir un vehículo eléctrico, y también uno de los aspectos que más dudas genera entre los usuarios. Una de las preguntas más frecuentes aparece con la llegada del invierno o en zonas de clima frío: ¿qué pasa con un auto eléctrico cuando bajan las temperaturas? La respuesta corta es clara: sí, el frío afecta la autonomía, pero entender por qué ocurre y cómo minimizar su impacto permite convivir con este fenómeno sin mayores inconvenientes.

El frío y las baterías: una relación compleja

Los vehículos eléctricos utilizan baterías de iones de litio, una tecnología altamente eficiente pero sensible a la temperatura. Estas baterías funcionan de manera óptima en rangos templados, generalmente entre los 15 °C y 30 °C. Cuando la temperatura ambiente desciende, las reacciones químicas internas se vuelven más lentas, lo que reduce la capacidad efectiva de la batería para entregar energía.

Además, el aumento de la resistencia interna provoca que el sistema tenga que esforzarse más para proporcionar la misma potencia. Como consecuencia, parte de la energía almacenada se pierde en forma de calor y no se traduce en kilómetros recorridos. Este efecto no genera un daño permanente en la batería, pero sí provoca una reducción temporal del rendimiento mientras persistan las bajas temperaturas.

¿Cuánta autonomía se pierde realmente?

La pérdida de autonomía varía según el modelo, la tecnología de la batería, el tamaño del pack y el sistema de gestión térmica. Sin embargo, distintos estudios y pruebas en condiciones reales coinciden en ciertos valores de referencia.

En climas fríos moderados, la reducción suele ubicarse entre el 15 % y el 30 % respecto a la autonomía obtenida en condiciones ideales. En escenarios más exigentes, con temperaturas cercanas o inferiores a los 0 °C, esa pérdida puede acercarse al 40 % en algunos casos puntuales.

Esto significa que un vehículo eléctrico que en verano puede recorrer 400 kilómetros con una carga completa, en invierno podría ver reducida su autonomía a un rango de entre 240 y 320 kilómetros, dependiendo del uso y del equipamiento del vehículo.

La calefacción, un factor clave en el consumo

A diferencia de los vehículos con motor a combustión, los autos eléctricos no cuentan con calor residual del motor para climatizar el habitáculo. Toda la calefacción depende directamente de la energía de la batería. Esto convierte al sistema de climatización en uno de los mayores consumidores durante el invierno.

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Calentar el interior del vehículo, mantener desempañados los vidrios y, en algunos casos, calefaccionar asientos y volante, implica un consumo constante de energía que reduce la autonomía disponible. En trayectos cortos, este impacto es aún mayor, ya que la calefacción se utiliza durante gran parte del recorrido.

Carga más lenta y menor eficiencia

El frío también influye en los tiempos de carga. Las baterías frías aceptan la energía de forma más lenta, especialmente en cargadores rápidos de corriente continua. Por este motivo, muchos vehículos reducen automáticamente la potencia de carga hasta que la batería alcanza una temperatura adecuada, alargando las paradas en ruta.

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A esto se suma un factor menos evidente: el aire frío es más denso, lo que incrementa la resistencia aerodinámica y exige un mayor esfuerzo energético para mantener velocidades elevadas, especialmente en carretera.

Cómo reducir el impacto del frío en la autonomía

Aunque el frío es inevitable, existen varias prácticas que permiten minimizar la pérdida de autonomía y mejorar la eficiencia general del vehículo eléctrico durante el invierno.

Una de las más efectivas es el preacondicionamiento del auto mientras está enchufado. Calentar la batería y el habitáculo antes de iniciar el viaje utilizando energía de la red eléctrica permite conservar la carga para la conducción. Muchos modelos modernos permiten programar esta función desde el sistema multimedia o una aplicación móvil.

También es recomendable priorizar sistemas de calefacción más eficientes, como los asientos y el volante calefaccionados, que consumen menos energía que calentar todo el interior del vehículo. Conducir de manera suave, evitar aceleraciones bruscas y utilizar modos de conducción eficientes ayuda a reducir el consumo, especialmente en condiciones adversas.

Siempre que sea posible, estacionar el vehículo en un garaje o espacio cubierto ayuda a mantener la batería a una temperatura más cercana a su rango ideal, lo que mejora tanto la autonomía como la respuesta al iniciar la marcha.

No todos los vehículos eléctricos reaccionan igual

La pérdida de autonomía no afecta por igual a todos los modelos. Los vehículos equipados con sistemas avanzados de gestión térmica y, especialmente, con bombas de calor, logran un uso mucho más eficiente de la energía destinada a la climatización. Estos sistemas permiten conservar más kilómetros de autonomía en comparación con aquellos que utilizan resistencias eléctricas tradicionales.

Por este motivo, al momento de elegir un vehículo eléctrico, el equipamiento térmico y la tecnología de la batería son factores tan importantes como la capacidad total en kilovatios hora.

Conclusión

El frío influye de manera directa en la autonomía de los vehículos eléctricos, con pérdidas que en promedio se sitúan entre el 15 % y el 30 %, y que pueden ser mayores en condiciones extremas. Sin embargo, este efecto es temporal y no implica un deterioro permanente de la batería.

Con un uso consciente, buenas prácticas de carga y conducción, y aprovechando las tecnologías disponibles en los modelos más modernos, es posible convivir con el invierno sin que la autonomía se convierta en un problema real. El vehículo eléctrico sigue siendo una opción eficiente y confiable durante todo el año, incluso cuando bajan las temperaturas.

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